He
leído el concepto de belleza por horas. En un principio fue solo una lectura de
actividad, pero a medida que leía y aprendía iba entendiendo el concepto y
queriendo saber más sobre ella. En un mundo donde la belleza es inevitable, es
decir, donde todo se observa desde la belleza y lo contrario a esto he leído interesadamente
cada idea sobre la belleza, desde la idea de Platón o San Agustín, entre otros.
Veo
la belleza desde mi perspectiva como algo inevitable. Me involucro en ella, observo
y aprecio la belleza como tal y me llego a preguntar cuál es el concepto de
belleza para mí.
Esta
mañana he salido de la biblioteca de mi facultad para dirigirme a la biblioteca
de la universidad. En el trascurso de este camino sobre un puente peatonal de
gran magnitud dirigí inesperadamente mi mirada en el concepto de belleza
reflejada en una mujer que a unos metros de mí y bajo el puente caminaba, tal
vez a una de sus clases. No se percataba de mi mirada y tal vez yo me veía como un
acosador, no lo sé, pero apreciaba su belleza y entendía el proceso. La
observaba y veía la proporción en ella, veía armonía en su rostro y su cuerpo. Me
decía en mis adentro cuando se alejaba: “Allá va el concepto de belleza”. Después
volvía a mí, a mis pensamientos silenciosos y penetrantes, y mientras caminaba
me hice a una idea: Si ella era belleza, en dónde estaba yo. Dónde quedaba yo
en ese concepto de belleza física. Mis pensamientos fueron barridos por esa cuestión
y podía decirme que me encontraba ante una situación de mera inútil importancia
pero que a la vez sería de un gran impacto en mi autoestima, pues llegaba a una
conclusión puramente acertada en mis pensamientos; me consideraba una
alternativa un poco alejada a la belleza. Y desde mi la entendía y poco me importaba,
pero importaba al mismo tiempo, difícil de explicar. Luego seguía pensando en
el pensamiento mismo del pensar y me convertía en un ser silencioso pensante,
logrando poder vomitar otra conclusión al concepto que venía debatiendo en mis
adentros. Logre recordar que el concepto abarcada a veces hasta la misma
divinidad, un concepto de belleza absoluta o hasta desde una perspectiva
teológica, donde decían que Dios es la belleza absoluta, el limite mismo del
concepto. Y entre estos caminos algunos pensadores decían que existe una belleza
intelectual y que tenía una importancia mayor a cualquier belleza dicha. Y
pensé, viéndolo de esa manera, en que tal vez, no tenga un concepto de belleza,
pero tenga en mí mismo otra idea de belleza y sea bello en esa idea y partiendo
de esa idea soy bello sin ser bello.
La
belleza intelectual es bellamente apreciable y puedo decir que la he apreciado
cuando llego a verlo, a escucharlo, para ser más claros. Existe la idea
intelectual, pero quien ve la belleza intelectual tal vez sea intelectual y
entre intelectuales nos apreciamos. ¿Pero qué pasa cuando alguien no es
intelectual y no pueda observar la belleza en ese sentido? ¿Qué pasa en ese
sentido? ¿Sigue habiendo belleza? ¿Qué belleza es más importante? ¿Cuál se
considera importante y por qué?
Puedo
ver desde esa perspectiva que no existe belleza si no la observamos con ojos
conocedores. Y quien conoce la belleza sabe que es bello y no, pero en ese
sentido...

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