Ayer no escribí nada, pero tenía
la intención. Ayer fue un día terrible. Me fue mal en la prueba
de OPUS, no logré terminar todo el proyecto y eso repercutió en mi
calificación. Hoy tuve una exposición y me “temblaron las patitas” como dijo la
arquitecta. No me fue como yo esperaba que me fuera, el futuro es incierto y
doloroso. Hoy tengo otra cosa que hacer y estoy haciendo guajes al asunto.
Quiero tener esa valentía para hacer lo que me propongo. Necesito cambiar mis
hábitos y todo lo que ya he escrito. Siendo sincero y honesto conmigo, no logro
penetrar en esa profundidad que necesito para lograr que mi cuerpo se mueva, se
alinee a los demás, a lograr lo propuesto. Que bello es el mundo, pero al mismo
tiempo aterrador para mí. No logro evocar nada, muchas veces no logro
satisfacer ese yo que pide un cambio, siento a Pessoa cuando dice que tiene dos
partes en él, una diciendo que lo está haciendo bien y otra que no.
Brutales y aterradores son mis
pensamientos, que a veces, muchas veces, pienso que me matan gota a gota, tal
vez necesite ayuda, tal vez no, no lo sé, tengo miedo de saberlo.
Estoy a punto de acabar El mundo
de Ayer de Stefan Sweig. Me ha parecido increíble, una buena lectura, la he
disfrutado durante los meses que pase leyéndolo.
¿Y si vivo la vida como si no me
importara nada?
JANUARY 28

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